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Crowd Med

Cuando dentro de 20 años miremos las series de TV de nuestro tiempo, creo que la que nos parecerá más ridícula será Dr House. Casi todos los capítulo de Dr House siguen una misma línea: Un paciente con una serie de síntomas que no encajan con ninguna enfermedad de las “típicas”. Dr House y su equipo comienzan a ver qué puede causar esa combinación, hasta que al fin, felizmente, encuentran la misteriosa enfermedad, y el paciente se salva.

Un Dr. House moderno ingresaría los síntomas en un sistema experto y dejaría que el sistema lo guíe. Ya hace años que los sistemas de Inteligencia Artificial diagnostican mejor que los expertos.

Pero así y todo, la realidad es que muchas veces los doctores no tienen como encontrar la solución a un problema médico. A veces es por falta de tiempo para dedicarle al estudio. Otras veces es porque algunas enfermedades afectan a un grupo tan reducido que sólo los propios enfermos se interesan.

Por más que los medicos lo odien, los pacientes van a Internet, y a veces se autodiagnostican mejor que los médicos tratantes (y muchas otras encuentran enfermedades disparatadas). La mayor parte de las veces, a los pacientes les sobra tiempo, pero les falta conocimiento. Crowdmed es un sitio de diagnóstico médico para casos que los médicos no consiguieron resolver. Un conjunto de “detectives” investigan el caso. Los detectives son en su mayoría médicos retirados o estudiantes, aunque también hay aficionados en general.

Otra disciplina que promete ser cambiada por el Wisdom of the Crowds.

Jeb Bush y Uruguay

Se acercan las elecciones primarias en EEUU, y uno de los precandidatos con más chances es Jeb Bush. Sólo pensar en que haya otro Bush en la Casa Blanca es suficiente para darle un enorme dolor de cabeza a la mayor parte de los uruguayos.

Sin embargo, los uruguayos deberíamos estarle muy agradecidos.

A continuación voy a romper una regla del blog. Lo que voy a escribir a continuación se basa en mi memoria, basada a su vez en historias de terceros. El motivo es simple: no encontré las fuentes. Si fuera un periodista profesional, tendría que entrevistar a los involucrados, pero no lo soy. Si alguno de ellos quiere corregir lo que escribo a continuación, le será fácil encontrarme.

Transcurría el año 2002. La situación de Uruguay era muy similar a Grecia de hace 2 semanas. El país se había quedado sin dólares. Hubo feriado bancario, el país se paralizó, hubo saqueos de almacenes, renunció el ministro de Economía, y asumió Atchugarry. Así como los griegos fueron a pedir dinero al BCE, Uruguay se puso sus peores ropas y fue a pedirle dinero al FMI. Es difícil hoy recordar lo que era el país en ese momento. Recomiendo mucho leer la recopilación de notas que preparó en Espectador en ese momento, para hacerse una idea del tamaño de la crisis (y de paso de la actitud irresponsable de algunos actores que siguen en la política).

La respuesta del FMI fue: “Vayan a un Corralito y Default”. A diferencia de Argentina, que venía de confiscar los depósitos y aplaudir el repudio de la deuda, Uruguay quería pagar sus deudas, pero necesitaba ayuda. El FMI se puso duro como una roca. Tras cerca de una semana de diálogo de sordos, el equipo económico uruguayo se disponía a regresar cabizabajo a Uruguay. Habían fracasado, y así se lo comunicaron al Presidente del momento, Jorge Batlle.

Batlle les dijo que no se vuelvan aún. Le quedaba una carta en la manga: Había conocido a Jeb Bush, gobernador de Florida, y los unía una relación de amistad. Batlle llamó a Jeb y le explicó la situación. Al día siguiente el equipo económico de Uruguay estaba en el departamento del tesoro de EEUU, con un equipo de expertos dirigidos por Paul O’Neill y John Taylor, que estaba 100% al tanto de la situación económica de Uruguay. Los dos equipos trabajaron juntos y delinearon un rescate. EEUU aplicó presión política al FMI, y lo forzó a aprobar el crédito al que sus burócratas se habían negado, por USD 3800 millones.

Pero restaba un problema. Uruguay necesitaba dinero de inmediato, y el directorio del FMI no se reuniría hasta la semana siguiente. EEUU nuevamente acudió al rescate, con un crédito puente de 1500 millones de dólares. Al asumir Bush, había prometido que el Tesoro no rescataría más países. Uruguay fue la primera excepción. Los fondos llegaron, y el proceso de recuperación comenzó.

El quiebre, el punto donde tocamos fondo y empezamos a salir, fue gracias a Jeb Bush, y a su hermano George, y por eso debemos estarles agradecidos. En nuestro peor momento, fueron ellos dos los únicos que se jugaron por nosotros.

Muchas veces le pregunté a gente de izquierda cómo pueden seguir apoyando a Fidel Castro, con todo el daño que le ha hecho al pueblo cubano. La mejor respuesta que escuché es que Fidel se portó muy bien con los exiliados uruguayos en los ’70. No me satisface demasiado, es como decir que el vecino le pega a la mujer pero lo defiendo a muerte porque una vez me salvó de un atraco.

De igual manera, podemos criticar mucho a George Bush, pero la verdad es que nos rescató en ese momento tan duro, y le debemos mucho. En cuanto a Jeb, sé muy poco de él, pero hay varias cosas que deberían gustarnos. Está casado con una mexicana, lo que no le gusta a Donald Trump (punto para Jeb), es licenciado en Estudios Latinoamericanos, habla español, y está a favor de legalizar la inmigración. Sin dudas, de todos los candidatos, es el más sensible a nuestro continente (creo que más aún que Marco Rubio).

Por todo eso: Suerte, Jeb!

El Bug del año 2038

Ayer, hablando con los ingenieros de Astropay, me sorprendió ver que la mitad de ellos no habían oído hablar de bug del año 2000. Para los que no lo conocen, se trata de lo siguiente. Muchos sistemas almacenaban el año como dos dígitos. Por ejemplo, en el año 1985, la fecha de expiración de una tarjeta de crédito podía decir 10/87. Para ver si una tarjeta expiró, verificábamos que 87 es mayor que 85. El problema empezó a aparecer cuando se acercó el año 2000. A mí personalmente me sucedió que en el 1998 me renovaron la tarjeta por una que vencía en el año 2001. cuando fui a pagar con ella, me la rechazaban, porque el vencimiento era en el año 01, 97 años atrás.

Cuando el año 2000 se comenzó a acercar, las empresas tuvieron que revisar todos los sistemas. Algunos sistemas eran muy viejos, y hubo que salir a revisar viejos programas, buscar programadores COBOL, etc. Lo que costó ajustar los sistemas se estima en 300 mill millones de dólares. El 1 de enero del 2000 finalmente llegó sin mayores inconvenientes, y aprendimos que debemos almacenar los años con 4 dígitos. Por suerte, estamos cubiertos hasta diciembre del año 9999.

O no?

La verdad es que no. Resulta que los sistemas operativos basados en Unix almacenan las fechas como segundos transcurridos desde el 1 de enero del 1970. Por ejemplo, al momento de escribir este post, la hora Unix es 1,436,625,303. Ese número es almacenado en 4 bytes, lo que significa que tiene un máximo de 2,147,483,647. Un segundo después de ese momento, los relojes de Unix mostrarán que la hora es -2,147,483,648, equivalente al 13 de diciembre del 1901. 

Cuando sucederá eso? El 19 de enero del 2038. Falta mucho, pero no tanto.

El lector podrá pensar que no es su problema. Que se preocupen las empresas; al fin y al cabo, quien tiene un sistema basado en Unix en su casa? La respuesta es que casi todo el mundo. Android está basado en Unix, y el iOS del iPhone también. Casi seguro que el router con el que se conecta a Internet está basado en Unix, y me atrevo a decir que probablemente el televisor, y el lavarropas también. Los sistemas modernos de alarmas y los de domótica estan basados en Unix.

Al ser open source y compacto, Unix se usa para todo tipo de dispositivos. Los controladores de los semáforos, las computadoras de los autos y aviones, las cajas registradoras, los satélites, todo es susceptibe de fallar.

Si ajustar los sistemas para el bug del año 2000 fue una pesadilla, el año 2038 promete ser peor. Nuestra dependencia de los sistemas es mucho mayor, y la cantidad de líneas de código a revisar es enorme.

Habrá sistemas que nadie sabe quién los compró,ni quien los desarrolló, ni en qué librerías se basó, ni por quien fueron desarrolladas.

Pero todo tiene un lado bueno: al igual que en el 1999, será un buen negocio para consultores, programadores envejecidos, proveedores de nuevos sistemas y profetas del apocalipsis.

Grecia: Y Ahora?

Mis 2 centavos sobre Grecia.

Mañana la pelota está en a cancha del Banco Central Europeo. Difícilmente el BCE se apure a tirarle una soga a Grecia, con lo cual Grecia va a tener que hacer algo con urgencia: enfrenta una crisis de liquidez (no hay Euros ni siquiera para importar alimentos y medicamentos), un déficit fiscal importante, y la imposibilidad de endeudarse.

En otras palabras, la semana que viene Grecia no tiene como pagarle a nadie: ni a los funcionarios públicos, ni darle liquidez a los bancos, y menos a los importadores. Algo van a tener que inventar, y muy rápido. En ese sentido, creo que los votantes griegos hicieron bien: más vale enfrentar todo ahora, que de a poquito.

En materia de crisis económicas, no hay mucho que inventar: ya todo fue probado en Argentina. Grecia tiene dos alternativas. Una es abandonar el Euro. La otra es empezar a pagar sus cuentas con algún equivalente a los Patacones: certificados del gobierno, canjeables por Euros en una fecha futura, y que se pueden usar para pagar impuestos. Cada uno de esos Patacones va a valer menos que un Euro, seguramente cerca de un 50%. Las empresas privadas se van a plegar. Al fin y al cabo, es la manera que tiene de reducir sus costos, y comenzar a exportar.

El riesgo más grande de Grecia no es ser expulsado del Euro. Eso ya es prácticamente seguro. Lo que Grecia tiene que asegurarse es de permanecer en la unión aduanera. Con los costos más baratos, las fábricas comenzarán a instalarse, vendrán los turistas, y luego de una contracción dura y dolorosa, en 2 o 3 años el país comenzará finalmente a salir del pozo.

Lo otro que va a tener que resolver Grecia rápidamente es como dar liquidez a los bancos. La alternativa del corralito es mala, ya que tranca la economía. Pueden intentar canjear los depósitos por Dracmas, si deciden pasar a esa moneda. Pero seguramente la mejor solución sea lo que hizo Uruguay con el BROU en el 2002: Canjear los depósitos por cheques con fecha futura (es decir, por Patacones). Va a generar mucho dolor y sufrimiento, pero no veo más salidas.

Al final del día, es como todo en economía. No hay por qué pagar las cuentas, pero las consecuencias se pagan siempre.

La ciudad deja mucho que desear, sobre todo en lo que es infraestructura. El tráfico es caótico, las calles y veredas están llenas de pozos, etc. Muchos dicen que los uruguayos manejamos mal, que somos sucios, que no cuidamos ni respetamos.

Yo creo que no es así, al menos no la gran mayoría. Hace 10 años se prohibió fumar en espacios públicos, y el decreto es respetado en casi todos lados, sin necesidad de inspectores. Hace unos años no se podía caminar por la vereda sin pisar caca de perro; hoy casi todos los dueños de perros llevan una bolsita. La gran mayoría de los montevideanos lleva la basura a los contenedores. En resumen, sabemos colaborar, cuando entendemos que es en el bien común.

Entonces, le propongo al próximo (o próxima) intendente un trato. Vamos a trabajar juntos para mejorar la ciudad. Pinten los carriles como corresponde, y verá como manejamos dentro de ellos. Arregle las veredas municipales, y verá como arreglamos lo que nos corresponde. Mantengan las cebras bien marcada, y cederemos el paso a los peatones. Tapen los pozos, y verá como empadronamos en Montevideo.

Pero va a tener que disculparnos una cosa. Uds. van primero. Es que son tantos años de descuido, que nos cuesta creer en promesas, así que van a tener que predicar con el ejemplo. Comiencen por ejemplo reparando las veredas de la rambla, y luego exhorten (y no intimen) a que reparemos las nuestras. En unos pocos años podemos tener una ciudad de la que nos sintamos orgullosos.

Cómo hacer andar el cerebro al máximo? Cada uno tiene sus métodos, el mío es la cafeína. Otros usan gimnasia, medicamentos y hasta drogas ilegales. Ahora hay uno nuevo, que no involucra introducir sustancias químicas al cuerpo.

La base es simple. El cerebro produce gran cantidad de pulsos eléctricos, y reacciona a los mismos. Si logramos estimular eléctricamente ciertas zonas del cerebro, podemos alterar su funcionamiento. La técnica se llama Estimulación Transcraniana por Corriente Continua (Transcranial direct current stimulation o tDCS). Las aplicaciones son múltiples, aunque aún no está clara su eficacia o los efectos secundarios que pueda tener. Posibles usos terapéuticos incluyen el tratamiento de depresiones, de Parkinson, esquizofrenia y adicciones.

Los usos no terapéuticos incluyen básicamente todo lo que hacen las drogas recreativas: Mejorar la performance en estudios, aumentar la sensibilidad, pérdida de peso, y mi favorita, mejorar la performance deportiva.

Lo malo (o bueno, depende de como se lo mire) es que los cascos de estimulación son muy simples y baratos. Por apenas USD 40, uno puede comprar un kit, que funciona con baterías. Es malo porque el tema no está estudiado suficiente, y aún no sabemos qué efectos secundarios puede tener.

En cuanto a mi aplicación favorita, el deporte, no me cuesta imaginar que los tenistas o hasta futbolistas lo usen antes de un partido para aumentar la concentración. Obviamente que si funciona, en unos años todos lo usarán, y volveremos a foja cero, pero así es el deporte.

Uruguay, País Boutique

El fin de semana una amiga del exterior me definió a Uruguay como País Boutique. Me encantó el término.

Al igual que una boutique, Uruguay es pequeño, no tiene mucha variedad, pero en general lo que hay es bueno. La atención es personalizada en todos los niveles, desde el bar de la esquina hasta el gobierno.

Tal como una boutique, tiene un su clientela fiel. Tiene también sus detractores, que juran nunca más pisarla, pero sobre todo tiene mucha gente que ni siquiera conoce de su existencia.

Además, es caro, y tiene una cierta envidia del tamaño de las grandes superficies, quienes a su vez desearían tener la flexibilidad de una boutique.

Solo nos falta el glamour.

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