El director de la revista Propiedades declaró anteayer a los medios que la crisis de EEUU no afectará a Uruguay, y que por el contrario, lo beneficiará, ya que los inversores preferirán poner su dinero en propiedades y no en otro tipo de activos.
Más allá de que sus declaraciones tienen un componente subjetivo importante (al fin y al cabo, su interés es que se sigan vendiendo propiedades), vale la pena analizar por qué canales nos va a pegar esto.
Por un lado, el encarecimiento del crédito hace que varias inversiones se posterguen o cancelen. Eso es preocupante porque las inversiones vienen siendo el motor del crecimiento.
Los precios de los commodities ya empezaron a bajar, y probablemente sigan bajando. Eso se va a sentir.
Algunas industrias de exportación, incluido el software, van a sentir el golpe por diferentes lados: EEUU y España en recesión, el precio del petróleo en caída, etc.
En Punta del Este el efecto va a ser mixto. Parte del público de Punta está muy relacionado con las finanzas. Me refiero sobre todo al público más top. No creo que esa gente esté como para gastarse U$ 50.000 en un alquiler en José Ignacio. Es poca gente, pero gasta mucho. Otro efecto importante es el miedo. Antes de gastar la gente lo va a pensar dos veces.
En el lado positivo, Punta del Este se volvió más atractivo frente a la competencia. La suba de los pasajes hace que veranear en EEUU o Europa se vuelva muy caro. Y los balnearios argentinos subieron mucho de precio (el otro día escuché en la radio de Bs As que en Pinamar los precios subieron «solo» un 25%).
La temporada de Punta será un misterio, como siempre lo ha sido.
En resumen, no se en qué medida nos va a afectar, pero de algo estoy seguro: no va a beneficiarnos más allá del consuelo de tontos.


Yo creo que a la industria del software le va a pegar bastante. No se si a nivel local, pero a nivel mundial seguro, hay estudios de outsourcing y outsourcing offshoring que muestran al sector financiero como el mayor comprador.
Pablo,
Coincido contigo en que es muy difícil dilucidar cómo se manifestarán los efectos de esta debacle en Uruguay y en Punta del Este.
Pero lo que tu análisis no tiene en cuenta es la diversidad que ha adquirido Punta del Este en los últimos años. Me refiero tanto al perfil demográfico de visitantes y residentes y la motivación y momento y duración de sus estadías, como a los orígenes nacionales.
Hoy resulta más complicado generalizar sobre Punta del Este porque los perfiles de residentes, visitantes e inversores están en continuo cambio. Quizás haya muchos en finanzas, pero también los hay en soja o arándanos, en petróleo y hasta alguno en diamantes… Todos se verán afectados sin duda, pero lo que nos importa ahora es cuánto les sobra y qué quieren hacer con eso.
Una de las funciones relativamente nuevas que cumple Punta del Este es la de escape-de-la-fea-realidad-en-cualquier-momento-del-año. Me escribe ayer una amiga estadounidense y acaudalada que pasa 8 meses por año en Punta del Este.
«And yes, I think Punta is the place for the wealthy to escape the craziness of the world. It is the most welcoming place we have ever found and when you are there you are detached somehow from the craziness. XXX and I both commented on that just the other day since we are living in craziness now. We have CNBC on every day and hearing about the meltdown is almost too much.»
Traducción resumida, «estamos deseando llegar a Punta para escapar a la locura en la que estamos inmersos». Esa es la expresión, acompañada de suspiro de alivio, que escuchamos a través del año, sea de argentinos, brasileros (la vedette del 2008, el paulista que compra propiedades arriba del millón), americanos, sudafricanos, australianos, polacos, botswaneneses, franceses, canadienses, italianos, alemanes, noruegos, austríacos o lo que sean.
El proceso de transformación de Punta del Este en destino para los muy ricos (ya lo de balneario no lo describe fielmente) se inició con la crisis anterior, cuando solamente se alquilaban las propiedades más caras (siempre primero las de USD50.000, las baratas quedaban vacías) y los únicos autos que circulaban por la calle costaban igual que cualquier apartamento de 3 dormitorios.
Ese verano fatídico fue seguido de la novedosa radicación en Punta del Este de familias argentinas con hijos y la inversión millonaria en colegios privados de un nivel anteriormente inexistente en Punta del Este. Hoy esos colegios educan chicos de todas esas «exóticas» nacionalidades antes mencionadas y hasta emplean algún maestro extranjero que toca a sus puertas pidiendo empleo.
Después vino la bendición disfrazada de los cortes de puentes. Con la clase media argentina excluida, hubo que apuntar al público de mayor poder adquisitivo, y de otros orígenes, y eso redundó en un círculo virtuoso que promueve la venida de visitantes y residentes más gastadores. La oferta está dirigida a ellos, y por ende son los que se van más satisfechos, mientras que se confirma la percepción de que “está carísimo” para la persona de clase media y se la disuade de volver. No por nada sube el gasto por visitante más que en ninguna parte del mundo, con un aumento casi marginal del número total de ingresos al país.
La segunda bendición, menos ambigua que la anterior, fue el “descubrimiento” de Punta del Este por la prensa internacional, gracias a la necesidad de publicar algo novedoso. Así fue que llovieron medios internacionales a redactar su descubrimiento de Punta del Este, La Barra, José Ignacio, y más recientemente Cabo Polonio. Durante dos años nos hemos beneficiado de una publicidad incesante y sin precio. Para consolidar las tendencias ya presentes, la gran mayoría de estos artículos se centró en el aspecto de “lugar de recreo de los ricos” con lo que se sumó al círculo virtuoso del que hablo.
En simultáneo con el descubrimiento por parte de la prensa, los empresarios del medio inmobiliario con ganancias que invertir y que se vieron venir el relajo en Europa y EE.UU. empezaron a buscar otros destinos, y coincidentemente encontraron Punta del Este. Hoy, si empezamos el recorrido en Las Flores, tenemos un proyecto estadounidense, luego en el kilometro 107 un proyecto de españoles-indúes-americanos, en Laguna del Sauce proyecto suizo, en Ruta 12 proyecto de capital holandés-belga via la costa española, en la Mansa, Brasil, Chile, Argentina como siempre, en Península europeo de no me acuerdo qué color, luego en Rincón del indio españoles y dos edificios de franceses diferentes a un cuadra de distancia entre sí, con un italiano en el medio), y cruzando el puente tenemos el que probablemente sea el mayor proyecto de capital brasilero de la historia de Punta del Este (Fasano), y más españoles, sudafricanos-ingleses, noruegos y quién sabe qué más… Estoy hablando de promotores inmobiliarios, no compradores particulares.
Es posible que varios de estos promotores hayan sufrido las consecuencias de la crisis o puedan padecerla en el futuro. Lo mismo se aplica a sus potenciales clientes. Pero algo me dice que son bastante avezados, porque ya están acá, con proyectos en marcha o culminados antes que se destartalara todo. Alguno con menos resto tendrá problemas (ej. Torrelobos) pero el resto parece estar bastante bien parado.
Ahora bien, ¿qué tenemos acá que no haya en otro lado, por qué es que estas personas que han visitado el mundo entero, que tienen los medios económicos para ir a cualquier lado y a quienes les queda muy a contramano llegar a Uruguay, eligen venir a Punta del Este?
Eso mismo les pregunto tarde o temprano al conocerlos, y la respuesta es siempre la misma, belleza natural, clima benigno, ausencia catástrofes climáticas y sísmicas, relativa seguridad, seguridad jurídica y tratamiento tributario favorable. En otras palabras, paraísos fiscales hay muchos, pero no necesariamente queremos vivir ahí. Paraísos terrenales también, pero no nos animamos a llevar nuestro dinero. Punta del Este ofrece la conjunción milagrosa, y ahora eso ya lo sabe mucha gente.