Es hora de ver hasta que punto los propios americanos compran su propia filosofía económica. Y no me refiero a las elecciones, sino a la actitud que tomen ante dos temas con impacto de fondo.
El primero es el de las hipotecas. Se está hablando de un rescate a los deudores hipotecarios, o al menos de algún plan para evitar que vayan a remate (los temidos foreclosures). Está bien que busquen evitar remates, al fin y al cabo, tanto el deudor como el acreedor pierden con el remate. Sin embargo, cualquier rescate de ese tipo corre el riesgo de ser injusto para con la gente que está al día con los pagos. Mucha gente está diciendo «Por qué van a beneficiar a el que no paga, y no a mí que estoy al día? Mi mejor negocio es dejar de pagar». Va a ser fundamental que lo resuelvan de un modo justo y equitativo. Hoy en algunos estados más de 1/3 de las hipotecas están bajo agua (es decir, deben más de lo que vale la casa). A la larga, la solución es diluir las deudas mediante inflación, pero cómo actúe el gobierno a corto plazo (y cómo reacciona el público) va a ser determinante en la señal que se pasa al mercado.
El otro tema fundamental es el de las automotoras. La solución para GM y Ford es el concordato o la quiebra. Cualquier otra cosa va a ser un engendro.
Veremos qué credenciales muestra el nuevo gobierno.


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