Este tema no tiene nada que ver con el blog, pero no puedo dejar de escribir sobre el. Vengo siguiendo el tema desde el día en que estos muchachos fueron secuestrados, y siempre me tuvo angustiado. Tal vez sea por los recuerdos del caso de Ron Arad, quien estudiaba en el Technion en la misma época que yo. Ron Arad fue llamado al servicio de reserva como copiloto de guerra durante la guerra del Líbano. Su avión fue derribado en el 1996, y hasta el día de hoy no se sabe su paradero. En un momento Israel tuvo la posibilidad de negociar su retorno, a cambio de la liberación de un gran número de prisioneros libaneses y palestinos. Las partes no se pusieron de acuerdo, y no sabemos más acerca de él. Se presume que está muerto. Ese caso marcó fuertemente la negociación por la devolución de Regev y Goldwasswer.
Hoy me desperté temprano para ver que había pasado con ellos, con un mínimo de esperanzas de que al menos uno vuelva vivo. No puedo dejar de imaginarme a las familias esperando a ver que cruzaba la frontera, si sus hijos vivos o los cadáveres. Los indicios no eran alentadores, pero la esperanza es lo último que se pierde.
Hizballah volvió a mostrar una crueldad sin precedentes. Para maximizar sus resultados en la negociacion, se negaron a dar ninguna información sobre el estado de los soldados. Si hubieran estado vivos, Hizballah lo hubiera mostrado para extraer más concesiones. Sin embargo, el precio que obtuvieron de la incertidumbre fue altísimo. La esperanza y la incertidumbre llevó a las familias a realizar un lobby fuertísimo en favor del intercambio.
El deal que obtuvo Israel fue pésimo. 2 cadáveres y una carta vieja a cambio de 199 cadáveres, un terrorista de lo peor y otros cuatro prisioneros. Y peor que eso, un antecedente muy peligroso: el mensaje de que el secuestro funciona.
Israel mostró que es capaz de ir a la guerra por dos soldados, y que, fallada la guerra, está dispuesto a pagar cualquier precio por recuperar dos cadáveres. Es curioso: mostrar que estás dispuesto a pagar cualquier precio ayuda a la moral interna, sin embargo, daña tu reputación ante el enemigo.
Dicen que el crimen no paga. En Medio Oriente no es así.

