A partir de hoy, es obligatorio el uso del cinturón de seguridad en el asiento trasero. Antes de dar palo, aclaro que estoy 100% de acuerdo con la iniciativa. Cuando volví a Uruguay, no les permitía a mis hijos viajar en autos que no tuvieran sillas de niño, y debían ir en ellas, para gran espanto de los abuelos y otra gente, que nos tildaba de locos. Luego, de a poco, fui aflojando. Al principio, les permití viajar con cinturón de seguridad en el asiento de atrás. Luego, aflojé más, y les permití ir sin cinturón, pero no en el espacio del medio, donde están desprotegidos.
Ahora, yo creo que la seguridad es una cuestión de prioridades. Hay muchas medidas que pueden reducir las muertes en las calles. Parte de las medidas corresponden a los conductores, y parte al gobierno y las intendencias. Lamentablemente, no he visto nada de los segundo.
No tengo números, pero estoy convencido que señalizar bien las calles tiene más mucho más impacto que obligar a los autos a ir con las luces encendidas.
Otro ejemplo. En la esquina de mi casa hay un cruce complicado, al entrar en Rivera. Un hermoso cartel publicitario tapa totalmente la visual, volviendo a ese cruce en un verdadero peligro mortal. El costo de eliminarlo es renunciar a unos pocos pesos publicitarios, pero la IMM no está interesada en eso.
Otro ejemplo más: se pusieron lomos de burro por todo Montevideo, cada uno con un cartel que lo indica, y pintado de amarillo y negro. Hoy en día casi todos los lomos de burro están despintados, y la mitad de los carteles están tapados por ramas, dados vuelta o directamente no están. De hecho, en esas calles, la pena por exceso de velocidad se convirtió en pena de muerte.
La IMM hace bien en impulsar la seguridad, pero la caridad bien entendida empieza por casa.