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Archive for the ‘economia’ Category

Golpeando el NAIRU

En economía hay un término llamado NAIRU, del que ya hemos escrito en el pasado. NAIRU es la tasa de desempleo en la que de dispara la inflación. Hace dos años dije que creía que en Uruguay estábamos al borde. Hoy estoy más que convencido que ya llegamos. Si bien la inflación está más o menos en términos razonables, si incluimos a los bienes de capital (propiedades básicamente), debemos tener una inflación del entorno del 20%.

Estamos en un desempleo tan bajo, que la limitante para seguir creciendo va a ser la falta de personal. No hay soluciones fáciles, pero hay algunas que se deberían considerar.

La primera de todas es la situación de los jubilados. Un jubilado tiene prohibido trabajar (a menos que sea en otra caja), so pena de perder la jubilación. Me pregunto por qué? La mayor parte de los jubilados tiene problemas para llegar a fin de mes con la jubilación. Por qué no permitirles trabajar, y seguir cobrando? En la situación actual, no le van a estar sacando el puesto de trabajo a nadie. Es más, hasta ayudaría a las cuentas del BPS, ya que aportarían.

Otra de las situaciones que es difícil de entender es la dificultad de importar trabajadores extranjeros, sobre todo en áreas como el software. Si importáramos algunos miles de ingenieros de software, la situación de los ingenieros uruguayos difícilmente empeoraría. Al contrario, lo más probable es que los uruguayos pasen a ser gerentes de proyecto o de producto, y los extranjeros pasen a ocupar las tareas más básicas. Las empresas uruguayas se benefician, y los ingenieros también.

Y luego hay otra más: en varias reparticiones del Estado sobra personal. En general se trata de gente con secundaria completa, lo que en el Uruguay de hoy los posiciona como altamente calificados. Mientras había desempleo, el justificativo era que el Estado generaba fuentes de trabajo. En este momento, el Estado le está quitando recursos a las empresas privadas.

Es hora de empezar a pensar en términos de una economía que limita su crecimiento por falta de personal, y tomar medidas acordes.

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Se van definiendo la próxima ronda de consejos de salarios. Los aumentos son salados, en muchos rubros arriba del 10%. Eso se traduce en un encarecimiento del 10% de los costos laborales en dólares. En algunos casos como la construcción, los costos laborales van a subir más de un 15%.

No tengo nada en contra de que suban los salarios, al contrario. Pero esto va a generar un problema serio en algún momento. Si los aumentos de salarios no vienen acompañados de aumentos en la productividad, nos vamos quedando cada vez menos competitivos. Y me resulta poco probable que la productividad haya subido un 10% en el último año, además de un 10% el anterior, y un 10% el otro, etc. Si seguimos así, estoy va a estallar, y no va a ser para nada agradable. Ya vivimos las resacas demasiadas veces. La última la tenemos muy fresca, aunque parece que no demasiado. Tal vez deberíamos mandar a nuestros dirigentes a España para refrescarles la memoria.

 

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EEUU está en crisis económica, bordeando una nueva recesión. Europa también. Hay dos libritos que dicen qué hacer en un caso así. Uno dice: recortá gastos, el otro dice gastá. Gente muy inteligente apoya cada una de las teorías, y nosotros los mortales no sabemos a quién hacerle caso.

Lo divertido de este caso es que EEUU abrió un librito, y Europa el otro. Con el QE2, EEUU salió a imprimir plata como si no hubiera un mañana para reactivar la economía, mientras Europa salió a recortar presupuestos de manera salvaje.

En unos años se verán los resultados. Los dos grupos de economistas estarán más convencidos que nunca de que tenían razón. Y nosotros seguiremos rascándonos la cabeza.

 

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Tick, Tack, Deuda

El Economist publica un reloj de la deuda global; es muy interesante mirarlo. Los números son escalofriantes: U$S 40.543.434.571.981. Más largo que un número de teléfono, y más del doble que 10 años atrás.

Algunos datos interesantes: Uruguay pasó de una deuda super razonable, del 46.1% del PBI, al nivel insostenible de 108% en apenas dos años (entre el 2000 y el 2002). A veces es difícil darse cuenta qué rápido las cosas se pueden deteriorar. Bajar la deuda del 96% al 65% demoró 3 años de recuperación. En los dos casos, el cambio de ratio vino dado más por el denominador que por el numerador: fue el PBI el que varió, más que la deuda en sí.

Una deuda del entorno del 60% está considerada razonable. Sin embargo, Japón tiene una deuda del 196% del PBI, y nadie parece muy preocupado.

Hay un par de cosas que no son nada menores, y que no se reflejan en la deuda. Un país como China, si bien tiene una deuda de casi $1bn (de los nuestros), también tiene más de $2b en reservas.

Otro tema no despreciable es la deuda previsional. Francia le debe plata en promesas jubilatorias a sus actuales y futuros jubilados. Esa deuda no figura en los números. Uruguay también le debe plata a sus actuales y futuros jubilados, pero de ese dinero, casi 6.000 millones son fondos de las AFAP, casi todo bonos del tesoro, que figuran como deuda del gobierno.Si queremos comparar papas con papas, deberíamos restar eso de la deuda de Uruguay, lo que nos pone en un más que razonable 40%, contra el 82% de Francia.

Un tema diferente es por qué debería preocupar la deuda mundial. Al fin y al cabo, lo que uno debe es lo que otro tiene. Si miramos al mundo en su totalidad, no parece cambiar mucho si hay o no deuda. Lo que dice el Economist es que una deuda más alta implica mayores impuestos en el futuro, lo que a su vez implica una mayor intervención de los gobiernos en las economías. Por otro lado, el mundo no es un emisor, y en el momento que un emisor en particular no parece poder pagar, su economía se derrumba, como vimos en estos lares, y como vio Grecia este año.

 

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Va un post invitado, por el Ec. Juan Dubra. Es un poco larg, pero interesante.

Hace unos días Sergio colgó un post que decía básicamente: la portabilidad numérica no va a suceder, en Uruguay no importa mucho la defensa de la competencia, y si no me creen, miren lo que pasa con las garrafas.

Aunque le erró un poco con la descripción del tema de las garrafas, tenía razón en el 99% del contenido del post. Primero, aún cuando le erró con lo de las garrafas, voy a argumentar aquí que básicamente tenía razón que el sistema nuevo de garrafas es anticompetitivo (y lo introdujo el gobierno!). Segundo, voy a argumentar que en Uruguay al gobierno no le importa la defensa de la competencia y que está cómodo con las prácticas anticompetitivas (especialmente si las lleva a cabo una empresa estatal, o una empresa amiga del gobierno).

1. Fogel tenía razón con las garrafas.

Primero, a las garrafas. Un consumidor que compra una cocina a supergás, debe comprar también la garrafa. Cuando se acaba el gas, concurre a un distribuidor (o el distribuidor manda un camión de reparto a su casa), entrega el recipiente y se le entrega otro distinto lleno. En el sistema actual, el consumidor puede elegir libremente a qué distribuidor llevar su garrafa para que sea rellenada; es su garrafa después de todo.

El decreto, el 427/07 (cuya entrada en vigencia se postergó hasta diciembre del 2011) establece un sistema bajo el cual:

  • La URSEA asignará a cada distribuidor minorista una determinada fracción  de las garrafas que hay hoy, en función de su participación en el mercado a la fecha del decreto; los distribuidores en el mercado son Riogas, Acodike, Megal y Ducsa.
  • Cada distribuidor deberá pintar los envases que distribuya, para que sean identificados como “suyos”;
  • Los distribuidores no podrán distribuir gas en garrafas de otro distribuidor.

Argumentaré que este decreto es inútil y anticompetitivo.

El Decreto ataca un problema inexistente

En teoría, el objetivo del decreto es lograr que cada uno de los distribuidores minoristas “cuide” sus garrafas. Sin embargo, es claro que las garrafas son bastante inmunes al maltrato. Es difícil hacerle, sin querer, algo a una garrafa que reduzca su vida útil. De hecho, hay un informe elaborado por la Dirección de Energía y Tecnología Nuclear del Ministerio de Industria Energía y Minería que asegura que «Esta Dirección Nacional no dispone de información probatoria que permita afirmar que el sistema actual de parque universal esté provocando un deterioro en el estado de las garrafas. Por tanto se estima conveniente solicitar a la Unidad Reguladora un informe sobre el nivel de cumplimiento alcanzado, de los aspectos vinculados a la seguridad  y trazabilidad de los envases establecidos en la reglamentación». Dado el daño que le hace el decreto a la competitividad en el mercado, es difícil entender que ese informe nunca se haya pedido. De momento, entonces, la última palabra es que el sistema de parque universal no deteriora a las garrafas.

Aún si el deterioro de las garrafas fuera un problema real, el ministerio debería tratar de atacarlo de una forma que no perjudicara a la competencia. Ese sistema existe, y es barato: los detalles no importan mucho, pero consiste en instalar en cada garrafa un chip que cuesta menos de 2 dólares.

Limita acceso a mercado

El decreto obliga a las firmas a incurrir en dos conductas anticompetitivas relacionadas: la negativa a proveer un bien, servicio, o insumo (“denial of service”, o “refusal to deal”) y la negativa a proveer acceso a un insumo esencial (“essential facility”). En ambos casos, las autoridades castigan a un participante importante, o grupo de participantes, por negar a un competidor la provisión de un servicio, o negarle la venta de un producto. La situación es aún peor si el producto denegado resulta ser un insumo esencial.

Estas acciones son anticompetitivas, pues en general pretenden impedir que un competidor tenga acceso a un mercado en el cual la firma que niega el servicio tiene una porción de mercado grande. De esta manera, al negar acceso, evita la competencia y se perjudica el consumidor.

Las cortes de Estados Unidos sancionan a una firma si niega un servicio (acceso a garrafas en este caso) y la firma que acusa puede mostrar que hay un deseo anticompetitivo. Esto es aún sin tener que demostrar que el insumo que se niega es un “insumo esencial”. La Suprema Corte de Estados Unidos también ha dicho que el derecho a negarse a dar acceso a un insumo “existe sólo si hay razones competitivas legítimas para la negativa”. Por supuesto, en el caso de las garrafas, no existe tal “razón competitiva legítima”.

Las veces en que las cortes no castigan basan sus argumentaciones en que, por ejemplo, “si una empresa invirtió para construir un puerto, y ahora la obligamos a dar acceso a los competidores, las empresas en el futuro no tendrán incentivos a invertir.” Este tipo de argumentos están ausentes en el presente caso: las garrafas no son de Acodike ni de Riogas, son de los consumidores. Por lo tanto, al dar acceso a las garrafas a Megal y Ducsa, no se lesiona un derecho adquirido por Acodike y Riogas como respuesta a una inversión en capital propio.

Es aún más fácil sancionar a empresas que se niegan a proveer insumos, si el insumo en cuestión es “esencial” para la producción. Para que se aplique la doctrina de los “essential facilities” ni siquiera es necesario que el insumo sea “grande” por naturaleza, y el insumo puede ser cualquier bien tangible, como un estadio deportivo, o un medio de transporte, o un activo fijo (vías de tren, o puertos). El concepto de insumo esencial es muy amplio.  Alcanza con que el insumo sea caro en relación al servicio para que se considere esencial, y las garrafas son muy caras en relación al servicio que se presta. Un ejemplo en el cual la carestía del insumo alcanzó para la declaración de “facilidad esencial” sin tener que mostrar que era imposible operar sin el insumo, es el siguiente. En Estados Unidos las cortes han obligado a compañías de tren a dar acceso a sus vías a los competidores, aún cuando el competidor podría haber construido sus propias vías. En otro sonado caso, las cortes obligaron a un club a dar acceso a su estadio a un club rival, cuando el club rival se podía construir su propio estadio.

Reduce incentivos a bajar precios

Además de dificultar el acceso a los mercados, que ya es anticompetitivo de por sí, el decreto introduce incentivos perversos a mantener precios altos. Para ver por qué, notemos que si un competidor quisiera bajar precios, una parte importante (sino toda) de la baja de precios sería absorbida por el costo de las garrafas: rellenar una garrafa de 13kg produce ingresos brutos de aproximadamente 5 dólares, y la garrafa cuesta US$ 52. Si al precio de venta del supergás le descontamos los costos para la empresa del gas, del reparto, el costo financiero de los US$ 52 de la garrafa, los impuestos y otros costos, vemos que se vuelve casi imposible bajar precios. En particular, es casi imposible descontar el costo de la garrafa con el flujo de beneficios que genera cada rellenado de la garrafa del nuevo cliente.

La literatura a nivel internacional ha estudiado los efectos anticompetitivos de varias acciones que suelen tomar las empresas para “obligarse” a no bajar precios. En todos los casos, la literatura especializada condena estas prácticas, aunque concede que en algunos casos pueden incrementar el bienestar de los consumidores. Sin embargo, el decreto tiene todas las contras de las prácticas anticompetitivas, y ninguna de sus ventajas. Por lo tanto, el decreto debería ser visto como una de las peores prácticas anticompetitivas.

Las cláusulas de “Cliente Preferencial” o “Nación más Favorecida” dicen que el cliente recibirá el mejor precio que la firma ofrezca. Puede ser contemporánea si se refiere a los precios que ofrezca “hoy” a otros clientes, o retroactiva si le devuelve al cliente la diferencia entre lo que pagó y el precio pagado hoy por otro cliente. Estas cláusulas son anticompetitivas pues reducen los incentivos a recortar precios por parte de las firmas: no rebajaré mi precio hoy, porque si lo hago, deberé reembolsar dinero a los clientes que me compraron en el pasado. A pesar de eso, pueden ser justificadas por razones de eficiencia, ya que constituyen un seguro para el cliente: si al cliente le importan los precios pagados por los otros clientes (por ejemplo, si son firmas en un mercado comprando insumos al mismo vendedor), las cláusulas retroactivas aseguran que el cliente se beneficiará de caídas futuras en los precios, y las contemporáneas aseguran que otros competidores no recibirán mejores precios. Aún en casos en que podían existir efectos pro-competitivos, tanto la Unión Europea, como la Federal Trade Commission y las cortes americanas han sancionado a empresas que ofrecían cláusulas de cliente preferencial. La razón es que los efectos anticompetitivos de estas cláusulas han sido demostrados empíricamente en varias industrias.

En este caso, la imposibilidad de rellenar garrafas de otros distribuidores minoristas, y la consiguiente necesidad de comprar garrafas para crecer, implica que las firmas no tendrán incentivos a bajar los precios. Más aún, este mecanismo no tiene ninguna de las ventajas de las cláusulas de cliente preferencial: no constituye un seguro para el cliente, ni significa que los consumidores estarán en pie de igualdad para competir unos contra otros. Esta diferencia es importante, pues desaparece cualquier similitud positiva que pudiera haber entre las cláusulas de cliente preferencial y el decreto.

Finalmente, en mercados con pocos participantes, son los más pequeños quienes tienen incentivos a reducir precios. La razón es sencilla: cuando una firma con una gran porción de mercado baja su precio, conseguirá pocos clientes adicionales porque ya es grande, pero dejará de recaudar su baja de precio sobre todos aquellos que ya eran sus clientes, que son muchos. Las firmas pequeñas, por el contrario, al bajar el precio pierden poco sobre sus ventas actuales, pero ganan muchos clientes. Este argumento ha sido testeado a menudo y con éxito. Más aún, en el mercado que nos ocupa, cuando Megal y Ducsa entraron, redujeron el precio en $40, sobre $160 que era el precio de mercado, al eliminar el costo del reparto. Estos dos participantes siguen siendo pequeños, y por lo tanto siguen teniendo incentivos para bajar precios y ganar una mayor porción de mercado. Quitar estos incentivos es un problema real para los consumidores. Aunque el precio de las garrafas está regulado, las empresas pueden recortar el precio mejorando el servicio, o (como sucede con algunas estaciones de nafta) regalando un chocolate cada tantos pesos cargados: que el precio esté fijo, no significa nada.

Genera una inversión redundante

Por último, si en el nuevo sistema hubiera competencia entre los distribuidores minoristas, se generaría un nivel ineficiente de inversión: si una firma bajara sus precios, las demás empresas quedarían con un stock ocioso de garrafas, que no servirían ningún propósito a nivel de la economía en general. En particular, el nivel de inversión a nivel agregado sería ineficiente. Este exceso de inversión es contrario al mandato de la URSEA que debe velar por un nivel adecuado de inversión en el sector.

El decreto debe ser derogado. Hay quienes dicen que es un favor del gobierno pasado a Acodike y Riogas (en línea con el favor que les hizo con la distribución). No lo sé, y no me interesa; el decreto es malo.

2. Fogel tenía razón: al gobierno no le importa mucho la competencia.

Una aclaración antes de empezar con esta sección: el problema de la competencia en Uruguay no es de hoy, ni de este gobierno, ni del anterior. Es de siempre; no tiene color político. Dicho eso, aquí va una lista de algunos temas flagrantes de violación de principios básicos de defensa de la competencia. No elaboraré mucho, porque cada uno me llevaría otras 4 páginas, pero estoy seguro que los lectores van a comentar sobre cada caso.

a) El Banco de Seguros del Estado no presenta balances que permitan discriminar los costos de sus actividades. Aunque la normativa dice que debe hacerlo (la norma está porque el BSE puede estar haciendo competencia desleal, subsidiando sus áreas competitivas (seguros de autos) con sus áreas monopólicas (seguros laborales), por ejemplo. El gobierno no hace nada al respecto.

b) Ancel tendría que tener un balance separado del de ANTEL por los mismos motivos. Por ejemplo, Ancel puede utilizar recursos de ANTEL, que no incorpora a su estructura de costos y puede hacer pricing mas “agresivo” de lo que correspondería si no estuviera ANTEL.

c) Desde la promulgación de la nueva ley de competencia (Ley 18.159), ha habido pocos casos. El más importante fue de una empresa farmacéutica contra un grupo grande de laboratorios. El proceso pasó por todos los pasos previstos en la ley, y en cada caso se falló en contra de los laboratorios. Al final de todo, intervino el presidente Vázquez y deshizo todo lo hecho por los órganos técnicos de su administración. No voy a opinar sobre si técnicamente la decisión del presidente estuvo bien (fui parte de ese juicio), pero lo que es seguro es que institucionalmente fue muy malo para la comisión de defensa de la competencia.

d) El canal 10 se negaba a venderle los derechos del mundial a DirecTV. La Ursec dijo “los canales abiertos tienen que venderle la señal a DirecTV” pero no puso plazos ni precios, ni la sanción si no se ponían de acuerdo. Este tipo de casos es muy viejo. Tiene más de 100 años. El asunto de fondo, es que alguien que tiene el monopolio en un mercado (en este caso, tenían el monopolio de los derechos del mundial) quiere usar ese monopolio para ganar poder en otro mercado relacionado (en este caso, mejorar la posición de sus cables en Montevideo, y de los cables que poseen en el interior, o que compran las señales de los cables de los canales abiertos; porque los canales abiertos le vendieron el mundial a todo aquel que lo quiso comprar, salvo DirecTV; lo vendieron a precios de entre US$ 8 por abonado, y US$ 12.5; creo que la última oferta de DirecTV era de US$ 20 por abonado). En el fondo, lo quieran o no los canales abiertos, lo que sucede es que la gente se borró de DirecTV y se pasó a los cables asociados a los canales abiertos. Es decir: usaban el poder en un mercado, para ganar poder en otro. Eso está prohibido por nuestra ley, y ha estado prohibido en el mundo desde 1900, más o menos. Dos casos super conocidos son los de los teléfonos, y los de Microsoft. En Estados Unidos, una compañía de teléfonos era la dueña del cable que iba hasta tu casa y era el monopolista en ese mercado. Entonces, usaba ese poder, para venderte servicios de teléfono carísimos (impedía que otros usaran su cable para venderte llamadas más baratas). Los reguladores se dieron cuenta que no tenía por qué haber un monopolio en la provisión de llamadas, aunque hubiera un único dueño del cable. La solución desde hace décadas, ha sido que el regulador (lo que vendría a ser la URSEC de Estados Unidos) fija un precio, y cualquiera que pague ese precio puede acceder al cable. La analogía en este caso, es que la URSEC debería haber dicho “pónganse de acuerdo antes del 5 de junio, o yo fijo un precio”. No quiero echarle tierra a la URSEC porque su decisión (intimar al cese de la “negativa a vender”) estuvo bien, pero no puso plazos ni multas. Según surge de los papeles que están en la URSEC el Canal 10 sencillamente se negaba a negociar.

Microsoft también tiene muchos casos en que se lo culpó (y perdió) de usar su casi monopolio en sistemas operativos para ampliar su poder de mercado en otros ámbitos (el mercado de servidores de red, el mercado del “Media Player”, o el mercado de los exploradores de internet).

Tanto en el caso de los teléfonos, como en el caso de Microsoft, el regulador “se metió” para impedir que se monopolizara otro mercado, con el perjuicio que resulta para el consumidor.

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Siguen las Reformas Tributarias

El Diario El País informa que van a hacer modificaciones en el IRPF: se gravará el trabajo de los uruguayos generados en en exterior. El artículo da a entender que grava sólo a los empleados de empresas uruguayas, durante sus viajes, aunque calculo que terminará gravando también a los independientes, de lo contrario generan incoherencias.

Esto se suma al IRPF sobre ingresos financieros en el exterior y al impuesto al patrimonio sobre activos financieros fuera. Todo esto no es un detalle; es un cambio filosófico en el concepto tributario, más allá del cambio que implica para la competitividad de las empresas y para el bolsillo de mucha gente. A veces parece que estamos haciendo lo posible por espantar inversores.

Uruguay ya hizo un cambio radical en el sistema tributario hace apenas dos años y medio. No podemos cambiar la filosofía tributaria cada 3 años, ni cada 5. Estas son cosas que se deberían cambiar una vez cada 100 años.

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#ChavezCaTrasCa

No me deja de asombrar Venezuela. El nivel de intervención en la economía llega al nivel de caricaturas. Parece como que Chávez intentara demostrar la superioridad del capitalismo por el método del absurdo.

La parte más divertida es la intervención en el mercado de cambios. Hay tres tipos de cambio: el oficial para uso del gobierno y productos esenciales (2.60 BsF por dólar), el oficial para importadores autorizados (4.30 BsF por dólar), y el paralelo (nadie sabe a cuanto está, porque está prohibido informar su valor, pero está más o menos a 8.40 BsF por dólar).

Mientras en nuestro país el gobiernos trata de intervenir con el mínimo posible de distorsión para depreciar la moneda y permitir que los exportadores prosperen, en Venezuela intervienen con el máximo posible de distorsión, para que el dólar baje.

El importador que tiene autorización para comprar dólares, tiene un enorme incentivo para sobrefacturar lo que importa (ya vimos lo que pasó con los libros). Como la demanda de dólares a 4.30 para importar es ilimitada, el gobierno la raciona, y le da dólares sólo a algunos selectos. Esta semana Movistar «se quedó sin dólares» y cortó el roaming a los venezolanos.

Por otro lado, los exportadores reciben dólares que deben convertir a BsF al cambio oficial. Ahí les conviene al revés: subfacturar, y recibir dólares afuera.En resumen, es una distorsión total de la economía, con un enorme desincentivo a cualquier exportación que no sea de petróleo.

Mientras tanto, Chavez sigue de «shopping», expropiando a troche y moche: esta semana fueron 9 estancias, la semana pasada fueron terrenos de la Universidad Central, antes un edificio perteneciente a un banquero, una zona industrial, supermercados, y sigue. Hay un sitio web dedicado a las expropiaciones (en cualquier momento lo expropian). Parece que el punto culminante del programa Alo Presidente es la expropiación de la semana. El video de abajo es una joya que demuestra como se deciden cuidadosamente las expropiaciones.

[http://www.youtube.com/watch?v=nB1od5z46a0]

A todo esto, Caracas se volvió la ciudad más peligrosa del mundo. En este video, el ministro de Comunicaciones de Venezuela se ríe mientras un analista habla sobre la violencia en Venezuela.

Según el ministro, la culpa de la violencia es el capitalismo. No importa que el experimento «socialista» de Venezuela ya lleva 11 años, y que la violencia empeora cada vez más.

Pobre Venezuela.

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El gobierno de Ecuador lanzó un guante interesante a la comunidad internacional. «Paguennos la mitad de lo que vale el petróleo bajo la Amazonia, y nosotros nos comprometemos a no explotarlo».

El parque nacional Yasuni es uno de los lugares con mayor biodiversidad del mundo. Es también uno de los lugares con más petróleo de Ecuador. Ecuador enfrenta presiones para no explotar ese petróleo, ya que causaría un daño irreparable a la ecología de la zona.El valor de ese petróleo se estima en U$S 7.ooo millones. Ecuador pide que le paguen U$S 3.600 millones, en un fondo del que sólo utilizaría los intereses, a cambio de no explotarlo.

La propuesta de Ecuador puede parecer una locura a primera vista, pero no es tan disparatada. Es como vender el petróleo dentro del propio pozo. Igual soy muy escéptico acerca de que el dinero termine apareciendo.

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Hace unas semanas publiqué un artículo, Sembrando Crisis, que derivó en una discusión acerca de si estamos o no en una burbuja inmobiliaria. Un lector anónimo publicó un link a una entrevista a Uri Lichtenstein de Deloitte, donde argumentan que seguramente no estamos en una burbuja.El argumento se basa en que, medido en UI, las propiedades no están por encima de la media histórica. Por otro lado, explican que si bien los precios de las propiedades subieron mucho, más subieron los alquileres.

Debo hacer un pequeño mea-culpa sobre mi post anterior. En ese post ponía que yo creo que estamos en una burbuja, sin fundamentarlo. No soy economista, y no he hecho ni visto números históricos, de modo que lo mío no pasó de una creencia.

Los argumentos de Lichtenstein son buenos. Hay varios indicios que te muestran que estás en una burbuja (antes de que estalle, después es facilísimo). Uno es el ratio entre el precio de las propiedadesy el resto de los bienes y servicios, que en el caso de Uruguay es la UI; según Deloitte estamos bien. Otro es el ratio entre el precio de las propiedades y los alquileres, que nos muestra qué tan rentable es para un inversor comprar un apartamento para renta. De nuevo, según Deloitte estamos bien. Un tercero es el ratio entre precio de las propiedades y el Personal Disposable Income (básicamente los ingresos de la gente, ajustados). No tengo los números, pero seguramente el PDI subió mucho más que la UI.

Uno puede argumentar que los ratios están bien, pero lo que está mal es el denominador, es decir, que los bienes y servicios, los alquileres y los ingresos en Uruguay están en las nubes. Seguramente sea cierto, pero no veo indicios de que vaya a cambiar en los próximos 18 meses.

Ya se, hace apenas dos semanas dije lo contrario, pero recuerden que estamos en un país con un presidente que como te dice una cosa te dice la otra. Yo también tengo derecho.

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Behavioral Economics

Me tiene fascinado una serie de charlas de Dan Ariely que estoy escuchando. Lamentablemente están en hebreo, pero hay varias charlas de él en Ted y otros lugares, además del libro «Predictably Irrational».

El argumento de Ariely es que somos mucho menos racionales de lo que creemos en nuestras decisiones, y en nuestra vida en general. Algunos ejemplos:

Este ya lo mencionó Pablo hace tiempo. Vas camino a un espectáculo, cuya entrada te costó cara, digamos U$S 200. En el camino te roban la entrada, pero afortunadamente tenés otros U$S 200. Que hacés, compras otra entrada o no? La mayor parte de la gente contesta que no volvería a comprar la entrada. Tomemos otro ejemplo: vas camino a un espectáculo que cuesta U$S 200, y tenés la plata en el bolsillo para comprar la entrada, y algo más. En el camino te roban U$S 200. Qué hacés, dejas de ir al espectáculo, o igual comprás la entrada y vas? La mayor parte de la gente compra la entrada. En los dos casos es lo mismo: te robaron algo que vale U$S 200. En un caso te robaron la entrada, en el otro caso te robaron la plata que tenías para comprar la entrada. Misma situación, comportamiento diferente.

Otro ejemplo: venís por la calle y ves un tipo simpático que pinchó y te pide ayuda. El hombre te cae simpático, y decidís ayudarlo, básicamente porque te hace sentir bien ayudar a alguien simpático en apuros. En el segundo caso, el mismo hombre igual de simpático te pide ayuda, y te ofrece además darte plata: un dólar. Casi todo el mundo se niega a ayudarlo por un dólar. De nuevo, desde el punto de vista económico, el segundo escenario debería ser mucho mejor: no sólo tenés la satisfacción personal de haber ayudado a alguien, sino además tenés un dólar.

Ariely analiza muchos más temas, desde la relación de la gente con el dinero, hasta el funcionamiento de los incentivos económicos (por ejemplo, un incentivo grande baja la performance en pruebas de habilidad).

Vale la pena.

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