Una famosa cita (probablemente falsa) de Bill Gates dice que si la industria automotriz hubiera innovado como la industria automotriz, hoy andaríamos en autos que rinden 500km por litro y cuestan 25 dólares. Una respuesta (también falsa) de GM dice que si bien es cierto, los auto se estrellarían dos veces por día, cada vez que pinten las calles tendrías que cambiar de auto, y que los airbags preguntarían «Está Seguro?» antes de abrirse.
Más allá del humor, la realidad es que ha habido muy poca innovación de fondo en los autos. Es verdad, tenemos GPS, airbag laterales y estabilización electrónica, pero cambios radicales casi no ha habido. Sin embargo, un par de innovaciones interesantes están en camino, y casi todas vienen de fuera de la industria.
Hasta hace unos meses parecía que la gran innovación venía por el lado de los autos eléctricos. Tesla Motors, el startup de Elon Musk, a mi criterio el mayor emprendedor del tiempo presente, abrió el camino, con el Roadster, un auto eléctrico deportivo capaz de ir de 0 a 100kph en menos de 4 segundos. Más allá del auto en sí, la importancia de Tesla fur mostrarle al mundo que un auto eléctrico no es un carrito de golf, y aplicar las técnicas de management de un startup del Silicon Valley a la industria automotriz. Al Roadster se le adiciona este año el modelo S, un cuatro puertas más adecuado para uso normal.
Nissan lanzó el año pasado el Leaf, un auto 100% eléctrico. General Motors por su parte lanzó a finales del año pasado el GM Volt, un auto eléctrico con opción de funcionar a nafta. Y por supuesto están los híbridos, siguiendo el liderazgo del Toyota Prius.
El problema es que se estan vendiendo muy pocos autos eléctricos. Nissan y GM están vendiendo menos de 2.000 autos al mes cada uno, en un mercado de 7:000.000 de autos.
Mientras tanto, la innovación parecería venir por otro lado: los vehículos que se conducen solos. Suena a ciencia ficción, pero no lo es tanto. Como tantas otras cosas, esto empezó con la agencia de defensa del gobierno estadounidense, DARPA. En el 2007 DARPA lanzó un desafío: quien consiga hacer el mejor auto que se maneje solo por una ciudad, respetando las normas de tránsito, ganaría un premio de USD 2.000.000. Varios autos completaron el desafío, y ganó un equipo de la universidad de Carnegie Mellon.
Ese equipo fue luego contratado por Google, donde siguen desarrollando el Google Driverless Car. Al menos 3 de estos autos circulan por las carreteras de California, y el último informe habla de que ya recorrieron más de 200.000km, con un solo accidente, el que ocurrió con el auto en modo manual.
Para qué sirve un auto que se maneja solo? Sin duda que está bueno ir por el tránsito leyendo el diario o navegando en el iPad. Pero el impacto de un auto autónomo (valga la redundancia) es mucho mayor. Hoy día debemos mantener una distancia prudencial con el auto de adelante, por un motivo sencillo: si el otro frena, nos llevará cerca de medio segundo comenzar a frenar. Que pasaría si cediéramos el control de la frenada a un sistema electrónico conectado inalámbricamente al auto de adelante? Ahí no necesitaríamos mantener tanta distancia, y podríamos bajar la congestión en las rutas.
Lo mismo al acelerar. La luz se pone en verde y todos los autos se ponen en marcha al mismo tiempo. Con un sistema de autos interconectados, se puede bajar el tráfico, ahorrar tiempo, y reducir la polución.
Como dijo hace unos meses Eric Schmidt: es una locura ceder el control de millones de autos a los humando. Si hoy fueramos a diseñar un sistema de autos y carreteras, seguro sería automatizado.
Ciencia ficción? No tanto. La tecnología está madura. Nevada está presionando para ser el primer estado en permitir autos manejados sin chofer. Que pasará en las cortes el día que haya un accidente? Esa es otra historia, sobre todo porque los errores de software pueden generar colapsos generalizados (imaginen el problema del año 2000).
Llegará esto a Uruguay? Ahí necesitaremos primero un auto salido del desafío anterior de Darpa, el Grand Challenge, capaz de manejarse en todo terreno, esquivar pozos y sobrevivir a señalización inexistente o engañosa.

